Hoy la Fundación Alternativas ha presentado en Valencia el Informe sobre la Democracia Española. Los autores del estudio ha estado brillantes, a la altura del trabajo que presentan. Pero no menos interesantes han sido las intervenciones de Carmen Alborch, Carmen Aranegui y Ramón Lapiedra que les acompañaban en el acto.
Carmen Alborch ha identificado un elemento importante: Como bien sabemos quienes vivimos en este País y en esta ciudad, la estrategia de la crispación que el PP puso en marcha al día siguiente de perder las elecciones en 2004, no es sólo una estrategia de la oposición sino que está tan metida en los modos políticos del PP que se practica también desde el gobierno. Alborch ha puesto muchos ejemplos, pero quizás el más ilustrativo de esta estrategia en la Comunitat Valenciana es la decisión de impartir educación para la ciudadanía en inglés
Carmen Aranegui ha hecho una intervención redonda que pronto publicará integramente la Fundació Societat i Progrés. La catedrática de Arqueología de la Universitat de València ha reclamado el concepto de DEMOCRACIA PARTICIPATIVA y ha lamentado que se haya dejado de revindicar desde que Segolénè Royal perdiera las presidenciales en Francia ¿Dónde están las voces de los demócratas contrarrestando la crispación? Se ha preguntado Aranegui para constatar, poco después, que “la ciudadanía movilizada no entronca bien con los partidos de izquierdas”.
En una defensa del pesamiento crítico y la democracia participativa, Aranegui ha citado el Discurso de la Servidumbre Voluntaria de De La Boétie (1530-1563) planteando que el sometimiento al tirano es voluntario y que se produce, fundamentalmente, por tres factores: la eficacia de su aparato, la debilidad en la que sitúa al sujeto que ejerce de librepensador y la costumbre.
Los miembros de Volem i Podem que estábamos en la sala – seríamos más de cinco en ese foro- hubieramos podido dar ejemplos claros y cercanos de lo que Aranegui describía de forma tan certera. Hemos preferido escuchar y disfrutar de las ideas.
Ramón Lapiedra, en la nostra llengua, ens ha recordat un altre aspecte fonamental: “la democracia no és un estat evolutiu necessari. Es més bé una condició necessaria que cal cuidar i treballar cada dia”
Pues en eso estamos. Os ofrecemos un aperitivo del informe
Una medición de la democracia española: 6,2 sobre 10
1. La democracia española obtiene un aprobado alto. La media global
de los 57 items que componen el cuestionario es un 6,2 en una escala 0-
10.
2. En la evaluación de la democracia española, hay una diferencia
importante entre, por un lado, el sistema institucional, compuesto por
reglas de juego y derechos y, por otro, los comportamientos de los
actores políticos y sociales (ciudadanos, partidos, medios de
comunicación, empresarios, oposición, gobierno). Mientras que el
sistema institucional es adecuado y obtiene una buena valoración, los
problemas se concentran sobre todo en las prácticas y
comportamientos de los actores. Por ejemplo, se considera que la
libertad sindical está garantizada, pero al mismo tiempo se cree que las
empresas no respetan los derechos de los trabajadores.
3. Los puntos débiles de la democracia española tienen que ver con la
falta de autonomía e independencia del poder político con respecto al
poder económico y los grupos de presión. Esta falta de autonomía a
veces da lugar a corrupción y, más en general, se traduce en partidos
poco representativos, que no están atentos a las demandas sociales y
que no resultan de fácil acceso a los ciudadanos, así como en cargos
públicos que no actúan en función del interés general, sino en función
de intereses partidistas o particularistas.
4. Quizá como consecuencia de lo anterior, la sociedad española es poco
participativa.
5. Los medios de comunicación no son suficientemente independientes
del poder político y, al igual que los partidos, no reflejan
adecuadamente la diversidad de opiniones que hay en la sociedad.
6. El principal problema de la gobernación en España es la falta de
cooperación entre los distintos niveles de gobierno (nacional,
autonómico y local). En cuanto a la valoración del Gobierno central, no
se detectan carencias importantes respecto a su ejercicio y control.
7. Los elementos mejor valorados de la democracia española son los
electorales (limpieza de las elecciones, libertad de voto, representación
proporcional, etc) y todo lo relativo a derechos (tanto económicos y
sociales, como civiles) y al Estado de derecho (cumplimiento de la
legalidad, probidad de los funcionarios, independencia de los jueces,
etc.).
8. La dimensión internacional de la democracia española recibe una
buena valoración en cuestiones como el respeto a la legalidad
internacional o la defensa de la democracia en el exterior.
9. Por último, hay una valoración globalmente positiva de los efectos de
nuestra democracia: permite la convivencia tanto entre territorios como
entre grupos sociales, protege a las minorías, y hace posible que los
ciudadanos vivan como quieran, en libertad.